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lunes, 14 de marzo de 2011

3ra nota .. un cuento de agusto.

La fantástica travesía de Erav Arrabi.
Por el cazador de crepúsculos. (David Vera Ibarra)
Erav Arrabi, un joven que emergió de las tierras del norte, se encontró con el elefante blanco, sobreviviente de la catástrofe mundial. Erav, le pidió al grandioso elefante que escuchara el  cuento que escribió en el aire. Relato que comienza más o menos así:
“Sensaciones inexplicables por toda mi piel, las hormigas fantasmas que algún día de niño mate, tomaban su venganza, me fueron acorralando. No tuve salida, cuando por fin llegaron a mis ojos, yo ya me había dado por vencido. Se metieron por mis oídos y se apoderaron de mi sistema nervioso. ¡Benditas hormigas amarillas!, acabaron con lo que yo nunca había podido acabar: mi psicosis ancestral.”
“Por un momento en el umbral, las infelices se contrajeron y consagraron un ritual. Eran ahora los cromosomas del gigante azul. Creo que este último me trago mientras agonizaba del dolor. El ritual se hacía en el intestino delgado, recuerdo que fue difícil poder llegar hasta ahí. Los pequeños cromos estaban molestos. Ya no soportaban la idea de vivir en el cuerpo de aquel hombre tan desdichado, por lo que en su delirio lograron que estallara el cuerpo del corpulento sujeto, contorsionándose desesperadamente.”
“Como por un estallido de bomba, salí junto con ellos. Volé a mil años luz de mi tierra, la di totalmente por perdida. Me sacudí el polvo, estaba parado en el universo, en la galaxia de Andrómeda, vecina a la vía láctea. Corrí entonces sobre la nada, ya no caminaba sino volaba, corría-volaba en espiral. A la misma velocidad con que la explosión me había impulsado. Corría y saltaba por todos los planetas que parecían pelotas de hule. Elásticamente me enviaban de un lado a otro.”
“Cuando me acercaba a la estrella mayor que me suministraba energía, de mi estado sólido, pase al líquido y evaporándome llegue a la fase plasma. Mis moléculas y átomos se dispersaban, me consagre y fui parte del conducto de la electricidad. Salte de mercurio, me solidifique por mis venas dándole un beso a Venus,  En la esfera roja me recupere. Ya veía a lo lejos mi globo terráqueo, árido y seco. Con un viento incomparable empecé a luchar contra la bestia llamada tormenta, que vencí sin ninguna demora. “



“Mi fuerza era ilimitada. Ahora viajaba por el continente América. Como en líneas tridimensionales, mis pies pisaban cada vez más alto y más fuerte. Llegue a crecer a una altura como la de Gulliver por lo que aplastaba países enteros y embarcaciones marítimas inmensas. Podía recorrer el mundo con cinco pasos, le di cien vueltas en tres escasos minutos. Ya no existían los polos de nieve, todo era seco y los mares eran más anchos.”

“Me hundí en una laguna inoportunamente, por lo que empecé a nadar. Una sirena me acompañaba, era la sirena más hermosa que no había visto nunca, su aleta era morada y su cabello era rojo carmín. Me sonrío sensualmente,  empezamos a bailar con el son de las conchas y el canto de las caracolas. Chillantes sonidos inspiraban alegría sin cesar. Nadamos remolineando agua que formaban burbujas. Mis oídos después identificaron la sinfonía, era de Bach. Seguimos danzando en el fondo del mar, nos alumbraban los peces con luz propia. Al terminar la melodía, me despedí de la sirena, tenía más viajes por hacer. Nadamos cada quien por su lado, ella volvió a su espina dorsal.”

“Como si me hubiese levantado de un sueño, me encontré de pronto en los suburbios, montones de torres pintadas con grises colores por los hombres. Localice en el momento mi ubicación y fue entonces en busca de mi doncella. Nos contemplamos conmovedoramente felices después de derrumbar la puerta. Nos abrasamos, después de alejarnos por mil trescientos  años. Le tenía un obsequio, por lo que le tome de la cintura, se cogió de entre mi pecho,  levante mi brazo derecho y cerrando mi puño  instantáneamente salimos volando, la lleve hasta el cuerpo celeste más alto, empezamos a escalar el universo, las estrellas eran nuestras piedras de apoyo.”

“Después de tanto subir, me percate que estaba sosteniéndome de la alambrera de la puerta de mi patio trasero. Un felino gigante me veía con furia, yo moría de miedo, me empezó a golpear con un gran vigor. Sin poder mas sostenerme, adolorido me deje caer al vacío. Mi doncella se había perdido en un agujero negro de la galaxia.”

“Caí de golpe en el imperio más poderoso. En el jardín del hombre más peligroso, “la pistola humana” recuerdo que le llamaban. Se me puso de frente. Empezamos a discutir. Yo le reclamaba no se qué tantas muertes, de las que era culpable en nuestro mundo. Lleno de ira empecé a forcejear, la pistola humana impasible, no se defendía. Pude ver cómo le corría la sangre en su rostro.” 

“Salí del lugar de un salto, brinque la barda tapizada de mármol. Sin miedo de que alguien me siguiese para enjuiciarme. Anduve tranquilo entre las tierras del poderoso. Llegue a la casa de la mujer anglosajona, de lengua universal. Me agradeció por lo que hice, deseaba con tanta injuria la muerte del gran hombre perverso. Me presto a su criatura en brazos para que lo besara. Quizá me estaba confundiendo con un ángel. Apresurado tome mi camino, sentía que tenía el tiempo contado.”

“Caminaba a paso lento. Pero yo sabía que iba corriendo. No existía espacio y tiempo, mucho menos la velocidad entre estos. Me encontré feliz por un momento, como nunca lo había estado, desbordaba la felicidad como el agua en la fuente, me agradaban todos los cuerpos ahí presentes, podía compartir toda mi emoción ferviente.”

“Cuando volví al inicio de todo camino, vi los senderos trazados con mis pies ya cansados. Me acompañaba mi reflejo con el que empecé a caminar, para alejarnos del tumulto, la luz fluorescente y los sonidos errantes de los cubos mecánicos. Un psicópata necrófilo cuerpo, observaba detenidamente nuestra huida, entre las masas inmóviles que rodeaban en santuario electromagnético. Tabernáculo que se podía apreciar de entre la oscuridad absoluta, gracias a la lámpara de incandescente luz purpura. Cuerpos distribuidos en lo que simulaba un templo. Que a su vez estos organismos simulaban insectos de la luz, persuadidos por las ondas sonoras. Se entregaban entusiasmados al acto de coordinar su cuerpo con movimientos pautados. Rítmicamente alzando los brazos y dando pasos sin moverse del encuadro.”


“Nos perdimos de vista gracias a los torbellinos de viento y arena que jalaba los pies y picaban los ojos, como impidiendo que anduviéramos solos. Pero ya habíamos pasado todas las barreras, aquello se había convertido solo en un punto lejano, nos observaba ahora la luna y  nos escuchaban sus oídos que son las estrellas. Amenizaba el encuentro el canto de las escasas nubes que se movían parsimoniosas con el viento. El mar tranquilo, desesperadamente quería guardar silencio dejando caer sus olas lo más lento posible. Pues quería escuchar también lo que susurraban de nosotros las estrellas.”


“Note a mi reflejo serio y triste. Este se definió como relajado, pero su mirada decía todo lo contrario, pues se mostraba afligido, lleno de preocupaciones. Irónicamente me reflejaba a la inversa, yo que estaba atónito de felicidad lleno de paz, en armonía con mi cuerpo, ligero con mis cinco sentidos. En cambio mi espejo, pues en el también me encuentro, como la sombra en el suelo, miraba con júbilo el inmenso cielo.  Fundía su mirada en la extensa luz que mostraba la luna. Se sentó doblando sus rodillas. Yo copie sus acciones en silencio.
Me pregunto entonces por mis miles de año en ausencia, por el barco de barbaros en el que me había albergado, por las batallas ganadas que parecían pérdidas. Le di solo el recuento de doscientos doce años que eran los que en el momento alcance a recordar, le miraba con vergüenza por no haber alcanzado a perpetuar un siglo más.”

“Me contagio sus vibras, no pude contener mis secretos más profundos. Perversas revelaciones emergieron de mi boca. Le confesé que torturaba a los leones de mi reino, por ser de sangre fría y dócil espíritu narcisista. Me consumía la indignación de mis actos. Mi destello que ahora era mi verdugo, sereno y exánime, se trago mis palabras sin dar juicio alguno. ¡Verdugo cobarde!, pensé yo. Prefirió matarse que cederme a mí la expiración. Ahora era yo el juez de sus pesimistas pensamientos. Le detuve la cuerda a sus disgustos. No supe alentarlo a seguir viviendo. Se avergonzó de su egoísmo, encogiéndose de hombros.  Le sugerí entonces, cruzadas nuevas en los mares de la Antártida.”


“Sintiendo la ineficacia de mis palabras, opte por abrazarlo, para contagiarle mi energía que aun me mantenía empedernido. Cayeron seis soles después de tan largo abrazo y la séptima luna brillaba como lo hacía antes. Con poco que decir y mucho que callar, nos revivimos los sentidos para admirar el agua del mar, brillante y transparente. Siendo este espejo de cielo y estrellas, reflejo del infinito.”

“Nos levantamos del espacio que adoptamos como nicho. Nos seducía el viento, caminamos de nuevo al corazón de sangre azul. Tejiendo cada quien sus pensamientos. Nos tendimos a lado de los devotos, que seguían fieles los sonidos. Pude entonces descansar después de tan acelerado viaje.  Mi alma efervescente se disolvía en el tiempo, el cuerpo se me consumía como fuego, mis ropas eran ya cenizas y no tenia carne, era  solo huesos.”

“Podía ver con los ojos cerrados, pero no dormía ni soñaba, que no se sueña en los sueños. Podía sentir la cercanía de mi reflejo viviente, postrado también en la suave arena, protegiéndose de la grava que toma vida en el aire y mata lento la memoria y el segmento de los rostros. Sin levantar aun los párpados, sentí el alba que anunciaba su llegada. Línea amarilla descompuesta del verde de la tierra y del turquesa del océano.”

“Pareciese que el cielo era un telón que se iba abriendo, para que comenzara una función, yo en la butaca más cara del teatro más sucio. El cielo se iba como limpiando, las estrellas se estaban barriendo, formidable entrada de luz. Parpadeé por un segundo, alcance a ver claramente la última estrella en el cielo. La pude identificar, era ella mi asteroide, esperando un simple movimiento de manos, que simbolizaban una despedida. Después de pasar por incógnita sobre la sopa de luces de caldo oscuro, me veía con reproche, su luz empezaba a desvanecerse. Me alce para emprender de nuevo mi vuelo. Esta vez no se iría sin antes decirle un te quiero.”




“Después de tanto buscar, llegue al sitio donde sabía que no podía faltar. La torre de cemento con ventana vista al norte. No tuve las fuerzas para escalar. Toque a la puerta. Sin tener respuesta, me decidí entrar, subí el caracol de escalones angostos, en donde por poco tropiezo. Ahí estaba ella, sentada en su cama, callada y enfadada. Sus ojos me pedían que la dejara. Le empecé hacer muchas preguntas, entre ellas las más tontas: donde había estado y porque no me hablaba. Sin responder se fue sin despedirse y como un rayo fugas, escapo por su ventana.”

“Desvanecido, reanude mi camino de regreso y estaba feliz porque aquel minucioso encuentro temporal. Sabía que no era el momento adecuado de un reconcilia miento, para ello quizá faltaban otros muchos años, pues mañana caerán de nuevo las estrellas tendidas en el vasto cielo teñido de un purpura desconcentrado, se les unirá la luna, gozona de egocentrismo, segura de que por ella se hace la noche y se alumbra al inmortal de la tierra, que busca senderos que marquen su trayecto de existencia.”

“Abatido por la soledad, camine de nuevo por la orilla del mar. Paciente como el cielo des nublado y el sol en pleno despertar. Mis pies no dejaban huella en la arena mojada mientras por ella yo andaba, tampoco el viento me susurraba más el oído. No había rastro de donde había venido. Mi reflejo me había dejado, pues en el agua era solo visible la sombra gastada, desvaneciéndose con espuma de olas empalmadas, la melancolía se disipaba.”

“Fui dando fin al tiempo congelado en el espacio, reposando en un rayo de sol. Encontrándome con la botella de mi pensamiento naufrago. Cartas mojadas, palabras desteñidas me revivían la idea de seguir leyendo lo que le había escrito a mi espejo que también es mi refuego. Con dificultad alcance a leer las cartas donde me respondía.”






Erav Arrabi:
Mientras en la cama todo pensamiento conlleva a ti, sin poder dormir, el insomnio incontrolable nos embarca a  la locura y pareciese que sonámbulos nos levantamos en busca uno del otro y el otro de uno. Pero seguimos inmóviles aferrados a la almohada. Las almas ya extraídas se esfuman para unirse en el infinito. Nos rebaso la madrugada y una pequeña luz azul invade los espacios alternados de mi habitación. Las sombras se van desvaneciendo y el alma perdida ya cansada se reposa en mi lecho. Extraordinaria situación. Cerrando los ojos piensas que ya no es tan tarde sino muy temprano. Me entrevisto entonces con el espejo que me dice que no te encontró y llego solo al cosmos.

¿Es acaso que las ilusiones ópticas siguen latentes? nos cuesta aceptar que realmente estamos solos y por eso es que usamos sabanas blancas tenidas de pensamientos rojos. La cama entonces se convierte en la meseta más grande de la llanura occidental o en el barco más grande del oriente. ¡Si, eso es! un barco o por lo menos un bote en el cuarto ya inundado de líquidos prenatales. Y es que aborto la osa mayor que anoche se contemplaba y las demás estrellas lloraron derramando sus lágrimas en el mismo cuadro que es mi habitación. Me sientes mareado y creo que puedo llegar a Marte remando, pero me falta mi relevo de tan larga carrera. Me haces falta tu, mi ánima, que como siempre llegas tarde y me dejas esperando.

La carta no estaba firmada pero tenía la seguridad de que era su misma aura quien le escribía. En abrir y cerrar de ojos fue como apareció pasmado  estupefacto en medio del desierto del Sahara.

Cuando Erav Arrabi termino de narrar su parábola, se volvió hacia el elefante blanco, que se postraba dormido ya, en la extensa llanura de Sudan. Sin hacer ruido, decidió marcharse sin molestar mas al que termino sedado por sus ilusorias palabras. Divagó como lo había hecho por nueve meses, en una burbuja de agua, camino al sur, cantándole a soledad, la poseedora de tan aisladas tierras desérticas.

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